Fragmentos de tierra rozan la piel expuesta en mi estómago. Mis dedos se mueven, estiran y, bajo ellos, siento la tierra helada. La agarro como si el mundo estuviera por volcarse, y cuando mis ojos finalmente se abren, veo una pendiente pronunciada. Al girar hacia el cielo, no lo veo; en su lugar, distingo el denso dosel del bosque. Mi mente, poco a poco, asimila la información hasta que siento fuerzas para levantarme del suelo del bosque. Miro a mi alrededor buscando a mi padre, pero solo escucho voces, una de ellas perteneciente a él.
Me apoyo en un tronco para levantarme y me tambaleo hacia los sonidos mientras mi...