Había quedado en shock con lo que John me había restregado en la cara y aun me costaba atar los cabos sueltos de todos los hechos.
¿Qué yo tenía esposa?
¿Qué yo sabía que había tenido un hijo con Samanta?
¡¿De dónde demonios sacó todas esas mentiras?!
Sacudí la cabeza y levanté la vista, viendo cómo se perdía hacía la parte lateral del hotel, donde quedaba la alberca. De inmediato lo seguí, lo más rápido que pude, hasta que los rayos de sol dieron de lleno con mi rostro, logrando que la visión que presenciaban mis ojos fuera una absoluta fantasía celestial, algo completamente mágico.
Y es que aquellos niños...