—Ese muchacho sabe perfectamente que no lo amas, Samanta. Créeme que no se sorprenderá de que rompas el compromiso.
—¿Quieres que ese sea mi consuelo? —Levantó la vista y frunció el ceño—. Por una sola vez en mi vida hice algo que realmente deseé y no pensé en todo el desastre que resultaría. Creo que el destino me hizo esclava de los deseos ajenos, Rick, porque siempre que quiero hacer algo o que pienso en mi felicidad, las consecuencias son abismales.
—Shhh —intenté tranquilizarla—. No es así, Samanta. Solo piensas de ese modo porque tienes miedo, pero te juro que siempre estaré a tu lado enfrentando cada obstáculo si decides...