RICK
—Podrías lograrlo sin reprimir tus propios deseos, ni entregarte a un matrimonio que no deseas y que no te hará feliz.
—Hablas como si me conocieras… como si fueras tú quien está en mis zapatos —respondió enojada.
—¿Acaso estoy equivocado? —Fruncí el ceño y tomé la servilleta, limpiando la comisura de mis labios.
—El problema aquí, es que no es asunto tuyo, Rick. No serás tú, quien se pondrá una maldita soga al cuello para saciar el gusto de tantas personas. No eres tú, quien se entregará a una vida que no quiere, pero de la que tampoco pensó podría escapar. —Lanzó su servilleta sobre la mesa y sus...