—Te creía casada con Müller, siendo la madre de sus hijos —me liberó y comenzó a caminar hacia la puerta tomándose de la cabeza. Negó varias veces con lágrimas en los ojos mientras yo intentaba recomponer mi interior que se encontraba desbaratado por tantas palabras que en un sentido, eran ciertas—. ¿Tanto se debe sufrir por amar y querer ser feliz? —me preguntó devastado, presionando sus manos en puño mientras me miraba de un modo triste—. ¿Acaso es un pecado sentir lo que sentimos? ¿Acaso está mal disfrutar del amor de la persona que amas? —comenzó a convulsionar por el llanto, cayó de rodillas al piso y se tomó de...