Dayana
Con falda negra, blusa blanca y un saco formal, tomo el lugar de la asistente de Gabriel por quien sabe cuántos días.
No me molesta en lo absoluto, me aburre estar sola en casa y aunque ya tengo en que entretenerme, trabajar, para mí, siempre será mucho más divertido.
—Bonita puedes venir a mi oficina por favor.
—Me gustaría que mientras soy tu asistente me llamaras por mi nombre, por qué de lo contrario siento que a todas tus asistentes las llamas igual.
—Que tontería. –murmura y lo escucho reír–, está bien, lo siento. Señorita Prince, ¿puede venir a mi oficina?
—Por supuesto que sí señor Walsh.
Me levanto...