—¿Estás bromeando? –cuestiona Gabriel y puedo ver la decepción en sus ojos.
—Sí, Gabriel.
—Pero es que como es posible que... –se detiene y me mira confundido–, ¿qué dijiste?
—Que sí, que estoy bromeando.
Él se pasa las manos por su rostro visiblemente ofuscado y niega con la cabeza. Camina hasta mi y se pone de rodillas.
—Siempre logras confundirme y esta no es la excepción, dime por favor que esta pasando por tu mente.
—Sí estuviese embarazada, obvio que no voy a renunciar a ese bebé, estés o no estés tú.
—Quiero estar, Dayana. Con o sin bebé, quiero estar contigo.
—No me puedo ir a Grecia ahora, tengo...