—Tendrás que hacer más que eso, cher monsieur… —respondí, rodeándolo y mirándolo con diversión.
—¿Más? —indagó exasperado y asentí, deteniéndome a su espalda.
—Soy una mujer soltera y verás… —caminé de nuevo hasta ubicarme delante de él—, tendrás que ganarte mi favor.
—¿Estás insinuando que saldrás con otros hombres? —preguntó furioso y me encogí de hombros.
—Si haces las cosas bien, por supuesto que no.
—No juegues conmigo, Sabrina, que no toleraré esos estúpidos juegos —advirtió con la voz gruesa y me planté delante de él.
—Entonces vete —volví a enseñarle la puerta de salida—. Porque si puedo tolerar tus mentiras y comprenderte, creo que mínimamente deberías ganarte de nuevo...