—No iré a ninguna parte —dijo sin lugar a réplica, logrando que frunciera el ceño—. Me quedaré aquí, contigo.
—Esta no era la idea de tomarme un tiempo para pensar en lo nuestro y comprender la razón para engañarme —repliqué y negó con la cabeza.
—Dime una cosa, Sabrina —se cruzó de brazos, viéndome con decisión—. ¿Me amas o no?
—Ese no es el punto, Piero —respondí, adoptando su misma postura y cruzándome de brazos.
—Creo que es el único punto que debería importarnos —respondió nuevamente.
—¿Dejando a un lado tus mentiras? —para el momento, ya se me estaban subiendo los humos del enfado a la cabeza—. ¿Olvidando que omitiste...