En la tarde revisé algunos pendientes junto con los internos que hacían sus prácticas en la oficina y organicé con mi asistente para que fuera el día de mañana, a ver el apartamento donde se quedaría la cuñada de Lucio. No deseaba quedarle mal a mi amigo y por lo mismo, le haría todos los favores que había pedido, exceptuando por supuesto, aquella locura de enamorarla.
Tomé algunos planos para llevarlos a casa y mi portafolio, cuando dos golpes secos en la puerta, llamaron mi atención.
—Pase —dije de manera firme, revisando que todo lo que necesitaba, estuviera en el portafolio.
—Hola, Piero… —al oír su voz me quedé suspendido,...