CRISTOPHER
El otoño había iniciado y la llegada de diciembre era evidente en las calles de Nueva York. Otra navidad solo. Otro día lleno de oscuridad por la culpa, que en las noches me torturaba en la penumbra de mi habitación. Comenzaba a sentir lástima de mí mismo, al tenerlo todo y a la vez sentirme peor que una rata. Mientras yo vivía una vida de lujos, Camile debía arreglárselas con lo poco que le depositaba en el banco.
No obstante, me consolaba diciéndome que ella sola se lo buscó. Si tan sólo no se hubiera embarazado, habría puesto el mundo a sus pies.
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Veinticuatro de diciembre, víspera de...