CAMILE
¡Al carajo!
Del cajón de mi escritorio, saqué el folio en el cual tenía toda la información personal que Gina me había proveído sobre él. Marqué la dirección en el GPS de mi teléfono, y como alma que lleva el diablo, salí disparada de la oficina. Fui a mi departamento, cambié mi atuendo por un conjunto deportivo sencillo y conduje impaciente por las calles de Manhattan. De camino, me detuve en una repostería, donde escogí varios petits fours de los más apetitosos y un pastel de chocolate. No sabía qué podría gustarle a la hija de Henry ni a sus hermanos, por lo que esos pastelillos me sacarían de...