HENRY
Ignoré por entero todas sus quejas durante el tiempo que conduje. Tomé la tarjeta que me había dado aquel extraño y repasé la dirección. Habíamos llegado. Miré el pequeño cartel luminoso que decía «SASTRERÍA» y fruncí el ceño; bajé del auto y caminé hasta la puerta. Giré la tarjeta y en el dorso tenía grabada las siguientes palabras: Presiona el timbre.
Presioné el pequeño botón rojo de la puerta, bajo la atenta mirada de Zac, y ésta se abrió despacio, dándole paso a un enorme tipo de unos dos metros y doscientos kilos.
—TJ me invitó —dije rápidamente, enseñándole la tarjeta.
Me hizo señas con la cabeza para que...