HENRY
Lo que mis ojos presenciaban, era algo completamente irreal.
La sentí rendida ante mí, totalmente enamorada. Sonreí internamente por los recuerdos que vagaban en mi mente, de cuando la idea de conseguirla de la manera en que hoy la tenía, me resultaba imposible.
Mi boca de inmediato cayó sobre la suya y un suspiro de satisfacción escapó de sus labios entreabiertos. La elevé sin dificultad, desesperado por hundirme en ella como lo venía haciendo desde hace casi un año. Su ropa interior blanca, desapareció entre las caricias, al igual que la mía. La tumbé en el voluminoso lecho, hundiéndome de una sola estocada en ella. Un grito de sorpresa...