—Finalmente me están dando de alta —dije con un tono somnoliento.
Ken se rió.
—Sí... finalmente... por cierto, vimos tu nueva casa, es tan hermosa —dijo.
—Gracias —respondí.
Noté que Lucy se movía un poco sobre mi pecho y miré hacia abajo para ver si estaba cómoda.
Suspiré y dejé una mano sobre su pequeña espalda mientras la otra permanecía en su lugar.
—Duerme, Alma —dijo Ken, y asentí.
—¿Debería llevarla? —preguntó.
—No, está bien... quiero dormir con ella —dije, apoyando mi mano en su cabeza.
Ken asintió y le dio un beso en la cabeza antes de salir.
Sentí cómo Lucy era levantada de mi pecho y me puse...