—Alma —escuché que alguien me llamaba.
Me di la vuelta para sumergirme más en el calor.
—Despierta —dijo la voz.
Gruñí y negué con la cabeza.
Entonces escuché una risa profunda.
—Alma, despierta… ¡Ahora! —abrí los ojos de inmediato al escuchar la voz dura.
Estaba en brazos de Mateo, sus manos me sujetaban con fuerza.
—Quiero que bajes en diez minutos —dijo.
Lo miré y él me besó de forma brusca antes de salir de la habitación.
Suspiré y fui al baño.
Mis días empeoran cada vez más.
Después de ponerme un vestido sencillo a la altura de la rodilla, bajé las escaleras. Mateo estaba sentado en el sofá junto...