Me desperté con un dolor en el trasero... Me dolía como el infierno. Solté un quejido y me dirigí al baño.
Después de ducharme, me puse una falda y, encima, un top corto. Cogí mi chaqueta y bajé las escaleras.
Papá estaba sirviéndose un poco de jugo en su vaso. Me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
—¿Quieres que te lleve? —me preguntó, notando mi tensión.
¿Qué tal si él está afuera? Me acerqué a la puerta principal y miré por la mirilla. Un escalofrío de miedo recorrió mi espalda.
Estaba ahí... parado justo en la entrada, apoyado en su auto. Pero estaba lo suficientemente lejos. Solté un suspiro...