Abrí los ojos y sentí el dolor en mi trasero.
Respiro profundamente.
No noté que las sábanas se habían deslizado de mi pecho... ni tampoco la presencia a mi lado.
Miro a mi lado y, de inmediato, llevo las sábanas a mi pecho, sorprendida.
Su rostro estaba lleno de ira.
Arrancándome las sábanas y colocándose sobre mí, me besó con fuerza.
Gimoteé por la intensidad.
—Te lo he dicho tres veces... y te lo digo una cuarta... no te escondas de mí...
Solté un quejido cuando apretó mi muñeca con más fuerza.
—¿ENTENDIDO?
Me estremecí ante su tono.
—S-sí.
—Bien. —Retiró las sábanas de mi pecho, dejándome completamente expuesta, y...