Han pasado dos horas. Estaba sentada junto a Mateo mientras él y el Sr. Will discutían algo sobre sus empresas.
Dios…
Estaba cansada.
Quería irme a casa.
A mi casa.
Mateo se levantó y asintió, haciéndome un gesto para que tomara su mano, y me levantó. Espero que ya hayamos terminado.
—Espera aquí —ordenó, y caminó con el hombre hacia el interior del salón.
Nos encontrábamos en el balcón. Estuve ahí de pie por varios minutos.
—Hola.
¡Jesús! Me asustó.
—Umm… ¿Sr. Reed?
—¿Dónde está Mateo? —preguntó acercándose.
Retrocedí, sin querer estar tan cerca.
—Él… volverá pronto —él sonrió con suficiencia.
—Bueno, bueno… dime, ¿cómo se conocieron ustedes dos?
Tragué...