Abrí los ojos y vi a mi papá aún manejando. El único sonido que se escuchaba era el del auto.
—¿Cuánto tiempo tomará? —pregunté.
—Unas tres horas... no más, querida —respondió. Tenía un mal presentimiento sobre escapar, pero aún no había pasado nada malo. Eso significaba que él no sabía que habíamos salido de la ciudad... Gracias a Dios por eso.
Tan pronto salimos de la casa, mi papá decidió que iríamos a la antigua... solo han pasado dos horas.
Suspiré. Necesitaba algo en el estómago.
—¿Podemos parar en algún lugar?... tengo hambre —dije. Él suspiró.
—Está bien... yo también. Veamos si encontramos un restaurante.
Después de un rato, encontramos...