Desperté y froté mis ojos para acostumbrarme a la luz.
No sentí la mano de Mateo alrededor de mí; él había sido trasladado a otra habitación, forzado por su madre. Ella dijo que no debíamos dormir juntos hasta la luna de miel.
Solo faltan 5 días.
Me levanté y fui directamente al baño. Me vestí con un sencillo vestido azul claro que llegaba a la rodilla. Al bajar las escaleras, vi a Mateo en la sala hablando con su primo. Ellos llegaron ayer. Los únicos dos con los que me acerqué fueron Ken, que ahora es mi amigo cercano, y la prima de Mateo, llamada Crystal.
Los ojos de Mateo...