Desperté sintiendo que la cama se movía a mi lado.
Dedos acariciaron mi cabello y un suave beso encontró mi frente.
—Buenos días, amor —dijo.
Nunca respondí.
Giré la cabeza y encontré sus ojos.
Exhalé y miré en dirección opuesta.
—No has comido desde anoche, son las 9 de la mañana, vamos a desayunar —dijo.
—No tengo hambre —respondí.
—Alma... por favor... levántate y vístete —dijo con firmeza.
—No me siento bien —dije tímidamente.
Sus dedos rozaron mis mejillas.
—Lo sé... pero tenemos que ir a ver el lugar para nuestro día especial... —dijo.
Claro...
—Alma... quiero que estés abajo en media hora —me advirtió antes de salir.
Me levanté...