Carla escuchó a Maximiliano llegar. Ella se había sentado en una de las sillas altas de la encimera, se preparó un té caliente y se lo estaba bebiendo cuando lo vio entrar y cerrar la puerta.
La noche les arropaba, ya era tarde, casi madrugada. La gran ventana de la sala estaba desprolija de cortinas, iluminando la estancia, acompañando a las pocas luces artificiales que Carla había encendido.
—Ya vuelvo —anunció Max, yéndose a su habitación para vestirse, le cansaba sentirse medio desnudo por todo el edificio, usando aún ese albornoz que se trajo de la piscina.
Se colocó un conjunto de pijamas de la marca David Gandy Wellwear de...