Las puertas grises y metálicas del ascensor abrieron, mostrando el sitio en todo su esplendor, justo en la coordenada noreste del piso, donde un pequeño lobby con una chica detrás, quien iba muy bien vestida, le daba la bienvenida a los futuros comensales.
Ya él conocía bien el lugar, había estado allí infinidad de veces, fue cliente recurrente hasta que compró el hotel en sociedad con Embert y Bastidas. Pero en vez de memorizar las veces que allí estuvo, solo pudo recordar una sola ocasión con su adorada esposa, Lenis Evans, quien se encontraba en ese momento en casa. George la llevó a almorzar allí poco tiempo después de haberla...