—¿El velo no parece demasiado...? —Carla se calló de inmediato al voltearse.
Seda Bastidas la miraba, curiosa. Carla creyó que era Max a quien tenía detrás en la sala.
Escondió el velo en su palma, arrugándolo al completo y bajando las manos, sus mejillas encendidas.
—Disculpe, yo...
Seda alzó las cejas, impresionada.
Miró rápidamente a la mujer que tenía delante, una mirada furtiva de pies a cabeza, sin pretensiones osadas. Al contrario de lo que pudiera parecer, Seda quedó impactada con la belleza de la fémina.
Cuando su hijo le contó toda la historia y le aclaró que no se trataba de una de sus amantes, sino una empleada del...