El mencionado se mostró serio y calculador, vestido de negro, con la misma ropa que usó para la visita en la cárcel.
—Date la vuelta, Daniel.
El mencionado rió un poco con sus labios cerrados, bajando las manos, enseñando aún sus palmas.
—¿De qué se trata todo esto? ¿Te volviste loco, Peter?
El rubio tomó un brazo de Daniel, sorprendiéndolo, girándolo, colocando sus brazos detrás de la espalda hasta arrinconarlo sobre la camioneta con un golpe seco, esposándolo al final.
—¡¿Qué estás haciendo?! ¿Cuáles son mis cargos? Tengo derecho a un abogado…
—Daniel Glint, estás detenido por conspiración, intento de asesinato en segundo grado y homicidio involuntario.
—¿Qué? —La pregunta...