Daniel se miró al espejo, acomodó las mangas de su traje y miró su aspecto. Pensaba en el auto que se llevaría para el bufete y en los lentes que usaría, luego de haber hecho la llamada con la que persona que contrató a su nuevo abogado defensor.
Salió de su habitación. Se comunicó con el conserje, quien le indicó que no había periodistas. Agradeció la información, mirando al cielo, agradeciéndole también a Dios por eso y porque su primo Gerald no hubiese hecho de las suyas todavía. También, agradeció por el hermetismo de Maximiliano con sus cosas personales. Ningún medio de comunicación reseñaba la denuncia en su contra, ni...