El esposo se despegó de la encimera y se acercó a ella con dos copas en sus manos. Le dio una, se veían llenas de un líquido esfervecente en dorado, el olor a champán emanó de pronto, elevando las perfectas cejas de la mujer.
—Quiero brindar contigo… Estás bellísima, dios mío. —La interrupción le hizo a ella sonreír. Max alzó su copa, ella la suya—. Quiero brindar por nosotros —Carla prestó mucha antención, correspondiendo a su intensa mirada—, porque en medio de todo lo complicado que nos ha tocado vivir, en medio de nuestros lutos, de nuestras pérdidas, en medio de nuestra guerra, la ganancia han sido el habernos conocido....