Yul no desmentiría eso.
La molestia era mucha, demasiada información que procesar para Carla, quien intentaba comprender el por qué Max no dedicó unos minutos de su tiempo para contarle lo de su ex.
La señora Yul se levantó y regresó con una caja llena de pañuelos de papel, los cuales colocó en la mesa frente a ella. Luego se sentó de nuevo en el asiento anterior y la miró con una cota de pesar en su mirada.
Carla tenía su vista colocada en otro lugar, hacia la puerta, las cortinas blancas que cubrían las pequeñas ventanas. Su codo derecho se apoyaba sobre el reposabrazos y un par de sus...