El veinticuatro de diciembre llegó. Faltaban algunas horas para el comienzo de la celebración.
Lo más desconcertante para Carla, en toda su vida, no fue haber reconocido a un malhechor, un obstáculo de su jefe Maximiliano Bastidas, hace algunos meses. O colaborar con la justicia de la ciudad, ni con las autoridades, para que encarcelaran a uno de los hombres más buscados en todo el país. Mucho menos que esos sucesos acaecidos hace no tanto tiempo hicieran que ella y Max interactuaran mejor, se conocieran un poco más, tan solo un poco y llegaran a sentir algo, una especie de atracción que se resumía física.
En su ida, tampoco fue...