—¿Desea lo mismo de siempre?
—Sí, por favor.
—Enseguida. Para llevar, ¿cierto?
Él miró a la rubia que bien pudo zafarse de las fuertes manos del escolta, pero no quería armar alboroto y menos con alguien como él, sin embargo, su rostro era de molestia, sorpresa e incomodidad. Luego miró a la dependienta.
—No, esta vez es para tomar acá.
La dependienta asintió y se puso a armar su orden, mientras B.J prácticamente arrastraba a Claudia a una de la mesas.
—¡Oye! ¿Qué rayos pasa contigo? ¡Suéltame! —Las palabras de Claudia fueron fuertes susurros mientras caminaban y se sentaban en otra de la mesas.
—Habla. ¿Qué vienes a hacer aquí...