Después de unos veinticinco minutos de manejo, finalmente llegué a la casa de Alex o, mejor dicho, la mansión, que estaba prácticamente en la playa; luego, tras saludar cortésmente al guardia de seguridad, el hombre me dejó entrar.
Tras estacionar mi auto, salí del auto con los gemelos, quienes literalmente saltaban de alegría por aquella salida; luego, llamé a la puerta de la casa y, no más de treinta segundos después, Alex abrió la puerta vistiendo un par de pantalones cortos a cuadros blancos y azules y, una camiseta blanca en cuello en V. Su largo cabello estaba desordenado como de costumbre; pero, a pesar de ello, se veía exactamente...