Lo único que sentía era dolor. Todo a mi alrededor estaba oscuro pero todavía podía escuchar a las personas moverse a mi alrededor. Intenté abrir los ojos, pero no pude hacerlo parecía como si estuvieran pegados. Sentí una mano tomar la mía y la apreté suavemente.
—Mamá, apúrate, está despierta —gritó la persona que me había agarrado. Traté de alejarme del sonido que hizo retumbar mi cabeza. Sentí a alguien entrar corriendo y luego el frío del metal de un estetoscopio escuchando mis latidos.
—Sophia, Sophia, ¿puedes oírme? Si me escuchas, aprieta mi mano de nuevo —dijo la voz de esa persona y utilizando toda mi fuerza de voluntad, apreté...