Me sonrojé terriblemente ante el anuncio y me fijé en mis zapatillas como si fueran lo más interesante del mundo. No estaba acostumbrada a ser el centro de atención porque usualmente terminaba muy mal para mí. Por el contrario, Emma estaba derecha a mi costado luciendo hermosa y segura. Las personas a nuestro alrededor se rieron y asintieron para hacerle entender que estaban de acuerdo.
—¡Perfecto! —dijo ella antes de soltarme. Volteé a verla también con una sonrisa juguetona en mis labios.
—Veo que ya la presentaste a la manada —dijo Daniel.
—Sí, Alfa —respondí por lo bajo, viendo las miradas curiosas que nos lanzaban los demás.
—Sophia, te he...