Chapter 2 Mi primera vez con mi compañero

Chapter 2 Mi primera vez con mi compañero

—Sí, Alfa —tartamudeé, con la cabeza gacha, concentrándome en mis viejas Converse como si fueran lo más interesante del mundo. Me levantó la barbilla usando su dedo índice para mirarme a los ojos. Sentí un cosquilleo recorrerme todo el cuerpo cuando me tocó y una sensación cálida me inundó. 

—Llámame Chase —susurró en mi oído antes de comenzar a lentamente lamer el lóbulo de mi oreja. Me agarró de la cintura y dejé escapar un gemido ahogado. Pude sentirlo sonreír en mi hombro. 

Me empujó contra la pared y comenzó a besarme en el cuello hasta llegar a mi pecho, pensé que perdería la cabeza cuando empezó a desabotonar mi camisa. Estaba embriagada por el placer y por primera vez en mi vida me sentía viva. 

Nos metió al clóset de limpieza y no pude controlar el gemido que salió de mi boca cuando succionó la piel de mi cuello porque me excitó el pensamiento de que me marcara en ese lugar. Sus manos vagaron libremente por mi cuerpo para finalmente detenerse en mi trasero. Me empujó bruscamente contra la pared mientras se aseguraba de que la puerta estuviera completamente cerrada. 

Sentía que mi cuerpo estaba en llamas. Me besó en la barbilla y envolví mis piernas alrededor de su cintura. Acaricié cada pedazo de su esculpido pecho y no pude evitar pensar que este momento era perfecto. 

Comencé a desabotonar con rapidez su camisa porque necesitaba sentir su piel. Justo cuando había terminado de quitársela, Chase me besó en los labios y sentí que estaba en el cielo. 

Pronto ambos estuvimos completamente desnudos, perdidos entre besos, moviéndonos en sintonía. Sentía un ligero hormigueo en cada lugar que su piel estaba en contacto con la mía. Luego de acomodarme contra la pared, Chase me penetró y del dolor me aferré a su cabello. Comenzó lentamente haciendo que el dolor se hiciera a un lado para darle paso al placer. 

—Chase, más rápido, por favor —le rogué sin aliento y comenzó a embestir con velocidad hasta que nos corrimos juntos con un gemido al mismo tiempo. Chase me soltó, mis piernas se sentían como de gelatina mientras ambos estábamos recuperando el aliento. Me besó rápidamente en los labios antes de comenzar a vestirse y me quedé un tanto confundida. 

¿No me iba a decir nada? Me quedé prácticamente congelada en mi sitio viéndolo abrocharse el último botón de su camisa antes de que se diera media vuelta y saliera del clóset sin dignarse a darme un última mirada, dejándome desnuda y humillada. 

Las lágrimas no se hicieron esperar. Me vestí como pude, tratando de ignorar el dolor en mis entrañas y terminé agachada sollozando en silencio. Después de unos minutos, pensé que había sido suficiente lamento y me salí del clóset después de arreglarme el cabello. No podía creer que mi compañero me hubiera usado de una manera tan vil. 

Tenía que irme de la escuela inmediatamente, sentía que podía respirar, así que comencé a caminar por el pasillo que me llevaría a la salida. Sin embargo, no esperaba encontrarme con su aroma tan pronto, me enfoqué en su olor y continué caminando hasta que encontré una horripilante escena. 

Sentía como mi corazón se rompió en mil pedazos y mis instintos aullaron de dolor cuando vi a Chase besando a Nicole. Ella tenía las manos enterradas en su cabello mientras él la tenía aplastada contra los casilleros, justo de la misma forma en la que me había tenido hace menos de media hora. 

Lo último que quería hacer era quedarme plantada mirando el espectáculo, pero no podía moverme. Mis pies estaban pegados al piso, intenté moverme pero no funcionó. 

—¿Qué haces viendo, maldita? —chilló Nicole con esa molestosa voz y sentí cómo algo se rompía en mi interior. 

De repente, me avergoncé terriblemente por lo que había hecho, sabiendo que Chase seguramente se estaba riendo de mí. Me sentí sucia por dejarme llevar por mis hormonas y odié cada segundo que habíamos pasado juntos. Era una persona tan repulsiva que ni siquiera mi compañero me quería. Nunca me había sentido tan disgustada conmigo misma. 

Me di la vuelta y salí corriendo hacia la salida más cercana. Me subí a mi viejo Ford y conduje tan rápido como pude hasta llegar a mi casa. Afortunadamente no vivíamos con la comunidad, así que nadie me vio llegar. 

Subí a mi habitación para encerrarme a llorar. No supe cuánto tiempo estuve haciéndolo, pero lloré hasta que ya no pude hacerlo. Mi manada me odiaba, mi hermano me odiaba, mi compañero me odiaba, no les importaba a mis padres. ¿Qué sentido tenía que siguiera aquí? 

No quería seguir avergonzándolos, no quería molestarlos con mi presencia. Me odiaría si terminaba lastimando a más personas, así que tenía que irme. Si desaparecía, ¿quizás podrían ser felices? 

Mi loba interior se mantuvo callada mientras empacaba. Entré a la habitación de mis padres para llevarme una de las colonias de papá y uno de los collares de mamá. Agarré también una de las sudaderas de Ryan. Metí las cosas junto con algunas fotografías en la maleta y agarré un poco de comida de la cocina. 

Fui al estudio en donde estaba la caja fuerte de la familia. Papá tenía un compartimiento secreto debajo del escritorio de caoba en donde guardaba la llave. Obviamente, no tenía idea de que yo sabía eso. 

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