Encontré la llave antes de inclinar un libro antiguo para que uno de los retratos se moviera y revelara la caja fuerte. La abrí usando la llave y saqué un fajo de billetes. Había tanto dinero adentro que probablemente había más de un millón. Cerré la caja fuerte y acomodé el libro en su lugar original. El retrato volvió a esconderla y devolví la llave a su compartimiento secreto.
Miré el reloj del estudio y me di cuenta de que eran las tres de la tarde. Todavía tenía unas cuantas horas antes de que alguien regresara, pero si no quería que me rastrearan tenía que irme lo más pronto posible. Metí el dinero al bolso antes de sacar otra bolsa de plástico llena de dinero que había escondido al fondo de mi clóset. Era el dinero que había ahorrado trabajando como profesora de ballet para niños.
Agarré un pedazo de papel y escribí solamente dos palabras. Agarré ambas bolsas de lona y el estuche con mi guitarra adentro. Y así, dejé mi antiguo hogar para buscar una mejor vida.
***
Ryan
Entré a mi casa con mis amigos mientras nos reíamos de la broma de Drake. Siempre pasamos el tiempo aquí después y antes de la escuela, a veces les gusta molestarme con mi hermana, pero me aseguro de callarlos usando mi posición de Beta. Solía ser cercano con Sophia hasta que pude transformarme y ella no, convirtiéndola en el último escalón de la manada y en el hazmerreír de nuestro grupo. Sabía que si la defendía también sería arrastrado junto con ella y nunca podría volverme Beta. No podía defraudar a papá, se hubiera puesto furioso de lo contrario. Realmente la amo, pero no puedo ayudarla, tengo que seguir la corriente. Siempre me siento mal cada vez que la molesto, las palabras que uso terminan lastimándome más a mí que a ella.
Entré a la cocina y me di cuenta de que no había nada para comer. Usualmente Sophia era la encargada de cocinar porque nuestros padres nunca estaban en casa. ¿Por qué no había hecho como le había ordenado? ¿Quería avergonzarme frente a los demás?
—Chicos, un momento, voy a buscar a Sophia. Regreso en un minuto —les dije antes de subir las escaleras. Los demás se quedaron bromeando entre ellos y riéndose sin realmente escucharme. Toqué suavemente su puerta en primera instancia, pero al no recibir respuesta, intenté de nuevo con más fuerza. ¿Por qué se estaba comportando de esta manera? Algo dentro de mí me decía que algo estaba mal, así que volví a golpear la puerta con desesperación. Seguí sin recibir respuesta, así que abrí la puerta violentamente y me quedé impactado cuando la encontré vacía.
Casi toda su ropa había desaparecido, la mayoría de sus pertenencias tampoco estaban, aunque tampoco es que tuviera muchas para comenzar. Parecía que nadie había vivido aquí por el aspecto que tenía ahora. Comencé a buscar frenéticamente por todo el lugar, rezando en silencio de que no hubiera hecho lo que temía que había hecho. No pude encontrarla en ningún lugar e intenté oler el aire para encontrar su esencia, pero era tan tenue que indicaba que se había ido hace horas.
El mundo se me vino encima en ese momento. Mi hermanita se había escapado por mi culpa. Lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas y no tuve la fuerza para esconderlas. No había podido protegerla, había elegido mi reputación por su bienestar, y ahora mi vida había perdido su color. Nada de eso importaba más.
¿Y si le pasaba algo mientras estaba afuera? Nunca me lo perdonaría. Me senté en su cama y escondí la cabeza entre mis rodillas. Me tapé el rostro con las manos y lloré con dolor. Realmente no había sabido valorar lo que tenía hasta que lo perdí. En medio de mi desconsuelo, me conecté mentalmente con el Alfa.
«Chase, necesito que vengas a mi casa, es importante», le rogué.
«Estoy ocupado», me respondió. No quería realmente importunarlo, pero necesitaba que viniera. Mi hermana era más importante en este momento. Podía estar herida en algún lado. Dios, realmente esperaba que no fuera el caso.
«Es importante, Chase. Apúrate. Te espero en la habitación de Sophia», le urgí de nuevo.
«Está bien, pero si es algo sin importancia, lo lamentarás».
***
Chase llegó rápidamente porque la villa de la manada no estaba tan lejos aunque hubiera llegado en menos tiempo si hubiera venido transformado.
—¿Qué pasó? —me preguntó mientras me veía con sorpresa. Era casi imposible verme llorando. Nos habíamos conocido casi toda nuestra vida, era mi mejor amigo, él lo sabía perfectamente.
—Se fue... —susurré con pena, mi rostro estaba completamente mojado por mis lágrimas. Me eché sobre la cama y sentí un pedazo de papel en mi mejilla. Me levanté y lo agarré para leerlo. Dos simples palabras estaban escritas en él.
«Lo siento. Adiós».