Sé quedó largos minutos en silencio, desviando la mirada y acomodando la cámara nuevamente en parte de su rostro y pecho. Y, aunque traté de verla, es imposible ver algo más que sus ojos y labios con la máscara que está usando.
—No sé qué responder — se sinceró, aun con la vista fija en otro lado.
—No tienes que responderme nada, supongo que de eso se trata el fanatismo, ¿no? Me encanta lo que haces, me fascinas toda tú sin importar qué. Lo siento si te hago sentir incomoda con mi insistencia y mi acosamiento.
—Me gusta que me acoses — sonrió ladeado—. Y, siendo sincera, eres el primero...