Sebastián me trajo a una pequeña cascada que queda saliendo de la ciudad y muy cerca del cementerio. Las rocas en lo alto de la montaña abren el camino para que el agua caiga con toda su fuerza en la pequeña laguna. Es un lugar bastante rocoso, incluso hay rocas sobresaliendo del agua en la orilla, haciéndola lucir bastante hermosa. El agua es tan cristalina que hasta el reflejo del fondo de la laguna se puede ver a la perfección.
—Qué lugar tan precioso.
—Venia mucho cuando era niño.
—¿Cómo es que no sabía que existía un lugar tan hermoso en este lugar?
—Solían decir que aparecían almas en pena...