La noche en la casa de la cascada es uno de esos momentos que nunca voy a olvidar. Siempre tendré presente en mi mente lo mucho que me adoró y me hizo suspirar sin necesidad de llegar a más que un abrazo.
Llegamos muy temprano en la mañana a mi casa, tomados de la mano y riendo por algún mal chiste que salió de mi boca y que a Sebastián le gusta escuchar. Magnolia se encontraba dándoles el desayuno a mis príncipes cuando cruzamos la puerta.
—¡Mami!
—Mis guapetones hombrecitos, ¿cómo pasaron la noche? — los atrapé entre mis brazos cuando llegaron a mí.
—¡Muy bien, mami!
—Mi par de...