La mañana siguiente recibí una llamada de Charlotte mientras me cepillaba los dientes, escupí el exceso de crema dental y corrí por mi teléfono.
—Char ¿qué pasa?
—Es hoy —dijo con el tono de voz más miserable que oí en mi vida, supe inmediatamente que había estado llorando —Nathan se va hoy, su vuelo sale en dos horas.
—¡Mierda! —me levanté rápidamente y maldije cuando me golpee el dedo pequeño del pie con el borde de mi escritorio —Demonios ¿Dónde estás?
—En el baño del aeropuerto, tuve que correr a esconderme para que su familia no me viera llorando —dijo con la voz entrecortada.
—Oh dios, está bien Char, llamaré...