—Hola —dije ese día más tarde al llegar a casa, mis padres estaban en la cocina con una taza de té cada uno, ambos se quedaron callados cuándo me vieron, creo que interrumpi su conversación pero en vez de disculparme fui por un paquete de galletas y me senté entre ellos —¿Qué pasa?
—Pues tu hermano no tendrá un juicio como quería el padre del niño mimado —dijo mi padre con desdén —pero tendrá una audiencia y será multado además de verse obligado a asistir regularmente a un psicólogo.
—Vaya —murmuré algo confusa, miré a mi madre que estaba más callada de lo habitual y pensé en decirle algo que...