—¿Saldrás? —me giré hacia la puerta y vi a mi madre acomodándose su bata, eran solo las diez y sé que era algo bastante extraño verme despierta tan temprano un sábado.
—Hola mamá, si —me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla —Christian me invitó a ver el juego de los Sox.
—Oh, me agrada Christian, es un buen chico —asentí sonriendo y ella empezó a retorcer el cinturón de su bata con nerviosismo —¿Quieres que te prepare el desayuno?
—¿Qué tal panqueques y una ensalada de frutas? —pregunté y ella sonrió suavemente. No soy tonta, se que al igual que yo mi madre tenía los...