Yo no era más que una bola gigante de vergüenza. No pretendía llorar como un alma en pena sobre Christian pero las malditas pesadillas atacaron de nuevo y no pude hacer nada. Chris me abrazó hasta que me calme y luego me preparó un té para relajarme, eran las tres de la mañana así que en realidad no podía correr por la calle al menos que quisiera ser violada y cortada en pedacitos.
Chris solo me abrazó fuerte y después de un rato sentí como su respiración se relentizaba y sus brazos aflojaban solo un poco, no dormí el resto de la noche pero pude escuchar los latidos uniformes de...