La oscuridad me rodeaba asfixiándome, quemándome, matándome lentamente. Yo estaba tan asustada que a penas era consciente de mi misma, mis manos delgadas y pálidas contrastaban con la oscuridad pero temblaban incontrolables, toque mi cara con mis dedos y noté que estaba llorando.
Pero no eran lágrimas.
Era sangre.
Estaba llena de sangre, toda mi piel estaba llena de sangre pegajosa y viscosa, quise gritar pero ningún sonido salio de mi boca, lo intente de nuevo pero de nuevo nada. El pánico floreció en mi interior e intenté levantarme y correr pero mis piernas no me respondían ¿donde están mis piernas?
Algo me sostenía. Unos brazos.
No podía moverme y...