—No sé porqué querías venir caminando cuando fácilmente podíamos tomar un taxi o el autobús —rodé los ojos porque era un quejica pero lo abrace porque estaba siendo muy dulce.
—Deja de quejarte que una caminata de quince minutos no te va a matar —él sonrió y depositó un beso en mi cabeza —Apuesto a que no te quejas tanto cuando vas a entrenar al gimnasio ¿o si?
—Eso es diferente —caminamos un par de cuadras cuando notamos que en el parque estaban montando una bazar navideño, a esta hora del día todo estaba lleno de adornos y brillantina, tuve que decirle a Chris que debíamos acercarnos. Me moví felizmente...