La miré con fijeza y efectivamente, no eran iguales. Jason la estaba besando, sí; pero en la frente.
No me imaginaba quién pudo haber hecho aquello más que él, pero… pero no estaba comprendiendo nada.
—¿Por qué alguien querría hacer esto? —indagué y Leo bufó.
—¡No pensé que fueras tan idiota, Piero! Es evidente que alguien quiso que pensaras mal de ella y regresaras a París. No lo consiguieron con el acta de matrimonio y fueron por más. Ella te perdonó y confió en ti, sin embargo tú, no lo hiciste y se han salido con la suya.
—Aunque no quería convencerme, algo me decía que había cometido una injusticia...