Moví la cabeza y me aferré con fuerza al cuello de Jason.
—¿Qué ocurre, Sabrina? —escuché preguntar a Mila.
—Creo que… creo que…
—No, Sabrina… espera, aguántate —oí a Jason implorar, moviéndose conmigo a cuestas lo que aprontó la situación.
Devolví todo lo que llevaba en el estómago sobre su pecho y parte de mi cuerpo.
—¡UY! —oí a mis amigas repetir al unísono.
—¡Por Dios! —dijo Jason y yo solo cerré los ojos, sintiendo un inmenso alivio.
***
Desperté, intentando mover la cabeza que me pesaba.
«Mierda», susurré.
Me removí bajo la cobija, colocándome boca arriba y abrí despacio los párpados. El techo no era de mi casa, tampoco...