—No… no puedo —dije entre llanto—. No puedo. Me mentiste… me engañaste y lo peor de todo es que estás casado con otra mujer. ¡Estás casado, Piero! Y estuviste fingiendo durante todo este tiempo conmigo. Yo creí ciegamente en ti, dejé de lado todo por ti, para quedarme a tu lado e intentar ser feliz porque creí no eras un hombre más del montón, pero me equivoqué: al final resultaste un completo fraude… un mentiroso —forcejeé para que me soltara, sin lograrlo.
—Yo no te engañé, mi amor… solo fue un malentendido que se salió de control —murmuró abrazándome con más fuerza.
—¿Por qué nunca me dijiste nada? ¿Por qué...