—¿Cómo has pasado la noche? —preguntó Piero en el coche.
—Muy bien, gracias a ti —respondí sincera.
—Por un momento creí que sería incómodo para ti, por la situación con aquel hombre.
—Es algo del pasado, Piero. Y no cuenta en mi vida ni mucho menos en mis planes, como para que influya en mis estados de ánimo.
—Me alegra mucho oírte decirlo.
—¿De verdad? —pregunté sorprendida y asintió con la cabeza—. Espero no te moleste ni incomode, que me quede contigo hasta que se desocupe el apartamento.
—En absoluto.
—Tendré que pasar por algunas cosas ahora. No tengo nada que ponerme para dormir ni al despertar.
—Claro —respondió complaciente...