—Estarás bien —susurró apenas—. Tal vez en un futuro, si todavía sientes algo por mí, podríamos volver a intentarlo.
Tomé su rostro y la vi con fijeza. Tragué grueso, intentando pasar saliva sin que las lágrimas se agolparan en mis ojos.
—Ay, Sabrina… mon amour, te amo… te amo y te amaré por siempre. Solo espero que cuando todo se resuelva aquí —señalé su pecho—, seas tú quien siga queriéndome como sé lo haces ahora.
—¿Quieres comer algo ? —preguntó temblando y supe que no deseaba seguir hablando del asunto.
—Creo que sería imposible que por mi garganta pase bocado.
—Debes comer o enfermarás —insistió y negué.
—Creo que peor...